Líbreme el ESCUDO de hablar “ex catedra”. No es mi propósito. Sin embargo, y dada la tendencia que se está dando en estos días dentro de nuestra Iglesia Sevillista creo conveniente dejar claro algunos conceptos entorno a las críticas que se están produciendo desde distintos sectores.
La crítica es el arte de juzgar las cualidades de las cosas y/o situaciones. La crítica siempre produce un valor añadido al objeto o a la situación criticada. Pero la crítica siempre debe ir inexorablemente unido a un proceso de análisis y razonamiento. Es ese proceso el que hace que una crítica sea, no digo que constructiva sino valida.
La crítica positiva no es buena. Tan solo produce acomodo y confianza, como diría nuestro venerado Caparros, produce azucar. Y el azucar pude llevarnos a un letargo incomodo que nos deje a merced de los leones (no de San Mames). A pesar de ello la crítica positiva en ocasiones es conveniente como reconocimiento a una gestión, a una trayectoria o a unos logros; ya digo, siempre y cuando no genere somnolencia en el receptor.
La crítica negativa, es la antítesis de la anterior. Induce a la censura de acciones o actitudes, y siempre después del análisis pormenorizado y razonado. De igual forma que la anterior produce efectos negativos en el receptor. Inseguridad, subestimación, recelos y temores son los efectos que producen las críticas negativas. Por tanto, de igual forma debe ser rechazada la emisión de una crítica negativa, salvo como antdoto a que se produzcan los efectos producido por la crítica positiva.
¿Entonces a qué critica deberíamos ceñirnos?… evidentemente, y como todos habréis deducido, la única crítica valida es la CONSTRUCCTIVA, sobretodo dentro de un grupo que persigue un mismo fin. Este tipo de crítica es la que propone soluciones a los problemas y defectos, es la que está basada en la observación objetiva y la que incorpora la conciencia crítica y el conocimiento. Este tipo de críticas produce beneficios cuantitativos y cualitativos: mantiene la unidad y la confianza, fortalece las relaciones, crea sinergías entre los miembros; y todo por un objetivo común. Nuestro objetivo común creo que no necesita explicación.
La crítica construcctiva es la de unos padres a un hijo; por su bien, por su seguridad, por su integridad como persona. Es la que cualquier persona de talla moral hace a un amigo. A nadie se le ocurriría emitir una crítica destrucctiva contra alguien o algo que quiere, que ama. La crítica negativa al ser querido es la reducción a lo absurdo. Un sinsentido.
¿Y qué sentido tiene la crítica destrucctiva?… Ninguno. La crítica destrucctiva se suele apoyar en argumentos inocuos basados en la libertad de expresión. Pero eso no es más que demagogia. La demagogia se emplea por sectores de un grupo para enfrentar a los poderes legítimamente constituidos haciendo valer sus propias demandas inmediatas, irracionales e incotraladas. En esencia el que emplea la demagogia solo intenta desvirtuar la democracia. Es un arma tanto de los que gobiernan como de los gobernados.
He leido críticas despiadadas, ensañándose en la figura de nuestro entrenador. Críticas con un argumento incontestable: ÍNUTIL, PAYASO, INEPTO, VETE YA… etc. Evidentemente, como dije antes, solo se amparan en el contexto de la libertad de expresión… ¿Pero alguién me puede explicar para qué sirve esa estigmatización?… ¿Alguién me puede explicar el objetivo de una crítica emitida desde la sinrazón?. Evidentemente en este punto se deja de hablar de crítica y se entra en la esfera de la falacia, la cual adopta premisas inaceptables.
Dentro de un grupo que persigue un mismo fin, en este caso el Sevillismo, no concibo ningún tipo de crítica que no sea la construcctiva basado en el análisis objetivo y razonado. El resto de críticas son las que emplean entes exógenos, medios de comunicación o la propia competencia como método para la consecución de un objetivo, ya sea zaherir, menoscabar o inducir la división del grupo que inxeroblemente debería permanecer unido; o en menor medida loar las virtudes y los logros del grupo.
Por tanto… hermanos míos, seamos mísiticamente críticos… pero sumemos. Con ello… seguiremos ORANDO EN EL ESCUDO.
El guardián.





